martes, 29 de julio de 2008

OJIVA


Temblaban los cuerpos bajo las trabajaderas. Más a tierra los costeros. Y el Cristo sigue bajando. Aun hay que salvar una última estancia para llegar a la calle. Se siente temblar hasta la última astilla del paso. Un último esfuerzo y ya estamos en Ancha la Feria.

1 comentario:

Rascaviejas dijo...

COMPLETAS.
Maitines de tu vida. Niño de pantalones cortos y recuerdos en blanco y negro. La ciudad y el país tras la miseria de una pelea entre hermanos. Podía existir perdón para el género humano. Podía el alma humana borrar el peso de su culpa. Un Dios se encarnaba en la oscura madera. Los niños del Vacie se congregaban en torno a él. Congregantes de la vida y del santo misionero que se fue a tierras tan lejanas. La misión en casa. Un cura con sotana manchada le enseñaba a los niños dónde estaba la salvación de su alma. Todo en torno a un Dios oscuro. Puro ejercicio espiritual. El alma de Cristo que santificaba. Los niños de San Ignacio y de Francisco Javier. Chabolas en la calle y miseria en el corazón. Pero la salvación existía. Estaba vestida de jesuita. Y se congregaba en torno a un Dios hecho oscura madera.
Laudes. Dios fue alabado. Una cofradía para cobijar con dorados al Dios oscuro. Claveles rojos para enmascarar la sangre que la madera derramó por nosotros. Los niños congregantes de pantalón corto se hacían mayores vistiéndose de jesuitas con sotana. Sin las manchas del viejo jesuita del Vacie. Con la mancha de unas culpas que el crucificado de tu infancia derramó por todos nosotros. A Dios por María. El viejo anagrama jesuita sobre el pecho. Sobre el corazón. Sobre el alma...
Vísperas de tu tarde. Tarde de Martes Santo. El día que murió el jesuita de la calle San Luis. Sigue buscando un crucifijo que le trae un cangrejo por los rincones de la gran iglesia barroca de Sevilla. San Luis de Los Franceses. San Francisco Javier el navarro. Sevillano adoptado por la Jerusalén de la calle Feria. Así lo recordarán sus hijos de sotana negra. Buscarán el paso de las horas. En torno a un Dios de madera. Oscuro como su infancia. Pero la luz existe. En candelabros de guardabrisa. Marcarán el paso de las horas y anunciarán a la que llena de gracia que ampara a sus hijos. Caerá la tarde y la noche se fundirá en un beso de oscuridad con sombras de pies desnudos. Dicen que la sombra tiene un peso. La oscuridad debe pesar como una eternidad. Llegará el regreso. Llegará el momento. Muros blancos y ladrillos antiguos. Hijas de una santa y del mismo Espíritu Santo. Juanillo el de la Palma y Rosario de Montesión. Regreso entre espadañas y tocas antiguas, entre voces y sombras de otro mundo. Clausuras interiores y exteriores como telón de fondo al Dios oscuro que vuelve a su casa.
Completas. En el aire unas monjas rezan antes de volver a su celda. Muéstrate Señor propicio, protégenos mientras dormimos. Todo se habrá cumplido. Los niños de negro completarán el rezo de su propia liturgia de las horas ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo si pierde su alma?


Alguien que me hizo una foto impagable merece que le dediquen al menos un textillo como el de arriba...
Un abrazo.