viernes, 4 de julio de 2008

LENGUAJE OBSCENO

Hoy sólo voy a poner una entrada, estoy muy cansado y el disco duro que posee parte de mis fotos ha decidido ser autónomo esta noche, y los cd donde están las otras copias están el garaje y esta, es una hora muy mala para bajar a cogerlos, así que os voy a contar mi penúltima experiencia sorprendente, como alguien me ha dicho esta noche, "es que te tiene que pasá de to miarma", pues bien yo cuando escribo suelo usar partes de mi vida que ya pasaron, que aun persisten, o que nunca existieron, ideas que se me ocurren mirando a personas, comentarios que oigo y mi penosa imaginación desarrolla......, pues un día escribí algo de dos folios que nació del sentimiento por una persona, no voy a entrar en si es actual o ya pasó, eso es lo de menos, la cuestión es que, raro en mi, animado por un par de personas, lo presenté a un concurso de relatos de amor muy cortos, y hoy he encontrado que el jurado me ha descalificado por usar lenguaje obsceno, os dejo el relato para que juzguéis:

LA CUBIERTA
Para ti.

A veces todo cambia en una vorágine de asuntos sin sentido que asaltan las vidas como sin pensarlo, en esa magia que tiene el albedrío por tocar los huevos cuando menos te lo esperas.
Así comenzó a fraguarse esta historia, siempre quise ser escritor, pero aquel día comprendí que no volvería a escribir ni siquiera, la etiqueta de un bote de champú; leí la cubierta de aquel libro y me dejó con cierta preocupación; “Esta historia nació de una mirada de mi madre”, dejé el centro comercial con el convencimiento de que nunca una frase mía de ese calibre, cubriría la cubierta de un libro, recordé a aquella ex novia que siempre estuvo convencida de que yo nunca acabaría una historia; así nací yo, en la indecisión, en ese terrible terreno de las dudas inconclusas, eternas, como un atardecer de verano; mi nombre de haber sido rey sería Antonio I el inconcluso, navegué por el mar de cabezas que aparentaba ser el centro de Sevilla en esos días de primavera en los que se va presintiendo el nacimiento de la Ciudad eterna, que dejará de serlo una vez que las almendras verdes nos acerquen a Cádiz y sus playas; la frase de la cubierta sonaba en mi cabeza, como la matraca resonaba en el cielo del viernes Santo; recordé su mirada, esa que siembra sueños en mi cabeza y tempestades en mi corazón, suave, llena de miel, de profundo aterciopelado y recuerdos noctámbulos que nunca olvidaré; ella era mi historia, esa que nunca acabo, esa que queda sin conclusión, porque no puedo decirle que un día sin verla es un día perdido; esa historia que me recuerda a diario que nunca será mía porque nunca le preguntaré si quiere serlo; y la cubierta del libro seguía demandando su espacio en mi ya de por si trajinado cerebro; si su mirada fuera para mi…, entonces si que vería mundos que contar, estrellas que bajar, corceles que surcan por prados, donde nunca se pone el verde, ciudades lejanas, pensamientos impuros, épocas pasadas,…, pero su mirada seguía sin ser mía.
Volví la cara hacia la Giralda, en ese instante del día en el que todo pasa a su alrededor como si presidiera un circuito de carreras en vez de una ciudad; su visión me reconfortaba, busqué poco a poco la salida hacía mi autobús, que me dejaría lejos de todo aquello; mirando por la ventanilla la recordé; aunque nunca sabrá que daría mi vida por ella, quizás merezca mi historia, daría mi mano izquierda, porque despertara a mi lado.
Llegué a casa, encendí el ordenador y decidí hacerla arqueóloga irlandesa en mi nueva historia; una vez más recordé la frase de la cubierta del libro, yo también veo historias en una mirada, la diferencia es que aquel escritor se atrevía a decirlo, y yo me escondía en mi caparazón, ese que nunca sabré cuando me creció, pero que evidentemente ahí estaba; sonreí mirando su foto, aquella que me trajo el verano, estaba preciosa, como siempre, tomé un sorbo de café y seguí escribiendo, era maravilloso declararle mi amor sin que ella se diera cuenta; me acordé por última vez de la cubierta y de mi ex novia, ella no merecía que le acabara su historia, miré por la ventana, comenzaba a llover y en la calidez del café me quedé soñando con su sonrisa.



Evidentemente a partir de ahora, iré preparando "cáspita", "caramba" y recorcholis", para que nadie sufra leyendo la mala lengua que la naturaleza me dió.

Ahh por cierto que el miercoles a las 9 estaré en el Rinconcillo, vivan los coroneles que bebemos los deslenguaos, y que se joda el que no le guste, veras ahora me descalifican el blog.

7 comentarios:

Luz de Gas dijo...

¿Lo dicen por lo de los cataplines? Porque no encuentro nada que merezca ser obsceno, bueno ni eso, pero ya que se ponen.

Me ha gustado mucho, yo soy también pura indecisión algunas veces, que le vamos hacer yo no pedí ser así

Lacava dijo...

No participes más en concursos del Opus Dei, ¡COJONES!

fran dijo...

Excomunion... Excomunion... el Sr. Canonigo a la hogueraaaaa...

Mer dijo...

Excelente relato, aquí seguro que te lo vamos a premiar.
¡Vivan los obscenos y deslenguados!

Glauca dijo...

No se quien sería el lumbrera que descubrió las palabras obscenas en tu texto... este personaje digno de estudio quizás fuera primo de aquel que dijo que el lenguaje es subjetivo para quien lo lee ...

En fin... mi opinión... es igualita a la escrita por lacava con ¡! incluidas.

Dama dijo...

No se dónde está lo obsceno, tan solo encuentro algo "subido" en la palabra "huevos" pero vamos, que es increible que te hayan descalificado.
A lo mejor ganó el primer premio Corín Tellado.
Pero no te preocupes, porque tu relato es maravilloso "por huevos".

Espero ir al Rinconcillo, que seguro no iré, porque algo me pasará.

Anónimo dijo...

creo que he encontrado el problema y no es otro que al muchacho del jurado le dio un poco de rabia que Vd hiciese referencia a cierta parte de la virilidad masculina, ante la carencia de dichos atributos por parte del mencionado muchacho... vamos que el tio no tine cojones y le molesta que se emlpeen en los escritos...

Saludos.

El Prida

ACUEDUCTO

Metáfora perfecta de la vida. Luces y sombras que escapan. Luces y sombras sobre nosotros, sobre nuestra existencia. Felicidad efímera de...