miércoles, 16 de julio de 2008

CONVENTOS


Fuera transcurre la vida a una velocidad vertiginosa, con unos ruidos más propios del fin del mundo que de una sociedad humanizada, llegas a la calle donde se deposita el convento, Reposo, y ya su nombre indica la quietud que hay dentro.
Una hermana te abre la iglesia, deslizando una llave, la soledad dentro de la capilla sólo es rota por una hermana en silla de ruedas que en un rincón reposa sus últimos días en el mundo, Reyes mira sonriente, todo pasa, todo transcurre entre ese secreto vínculo que suscribieron mi memoria y mis sueños, y de repente todo vuelve a ser monótono, ya no oigo pájaros, sólo tubos de escape y desidia a vivir, para no llegar tarde a un recado.

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