lunes, 31 de marzo de 2008



Sintió aquella voz como un objeto punzante tocarle en la nuca:

"Adiós Antonio".

Miró hacia atrás.

"¿Mario?

"Si yo soy, es que vuelvo a estar enganchao, aunque ahora voy a entrar en un centro"

"Pues suerte, hace años que no nos vemos y no te había reconocido".

Suerte la que tengo yo, había compartido colegio con aquel rostro espectral, y aunque seguía sufriendo de amores y su vida era un desorden, no podía quejarse; el café que se tomó diez minutos después le supo a aguarrás, y eso que ni él tenía culpa de las decisiones de su compañero de colegio, ni por supuesto, nunca había bebido aguarrás.

Suerte Mario.

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