La noche se vistió de soledades para visitarme. Recordaban las sombras mi figura y yo no olvidaba su recuerdo. Una de esas noches de distancias en las que el frío te hiela la memoria. Así anduve tras de ti Sevilla mía. Mirando los recuerdos que me quedan. Y fue una imagen tuya la que me trajo el sosiego. Esa paz que llega de tus adoquines. Y se trasplanta a este maldito pensamiento.
viernes, 28 de noviembre de 2008
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3 comentarios:
En verdad todas lo son, pero esta entrada tiene algo de sublime, algo que me ha noqueado.
Un fuerte abrazo.
Es precioso caminar cuando la ciudad duerme y el ruído mundano descansa... es cuando uno se siente más cerca de Sevilla...
Preciosa entrada.
Cierto. Pasear en silencio por Sevilla parece que sean tus pies los dueños de ella.
Me gusta sentir su soledad.
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