miércoles, 17 de septiembre de 2008

SEPTIEMBRE


Caminaba Esperanzi buscando su coche la primera tarde de trabajo septembrino. Se colocó frente al volante eran las 8 de la tarde. Por un instante recordó su playa. Amable. Suave. Tan terso fue el recuerdo que casi se duerme con sus manos apoyadas al volante. Hasta que unos toques en el cristal de la ventana la trajeron de vuelta de la costa gaditana.
- ¿Señora va usted a salir?- preguntó el gorrilla.
- Si claro que voy a salir-dijo bajando la ventanilla- con las veces que me has cobrado hoy podías dejarme tranquila un rato-dijo entre dientes-.
Mientras conducía observaba las luces que poblaban la avenida. Cayó en la cuenta de que ya era septiembre. Su jefe le había tocado los ovarios por primera vez ese día a eso de las 8 de la mañana y ya no pararía hasta el mes de agosto siguiente. Sus niños se quedaron en casa y su suegra llamaba prácticamente cada hora para tocar las narices. Después el régimen, el filetito de pollo con lechuga para entrar en el traje para la boda que tenía en octubre, mientras masticaba un trozo de filete soñó una pandemia aviar. Después al gimnasio a realizar unas posturas increíbles y a que la monitora con unas nalgas envidiables fuera a una velocidad que ni en vespino pasarías a esa bici estática. Después vuelta al curro, el jefe, Martinez, el de archivos que se roza más que la gata de una venta. El ordenador que se queda pillado. El café con sacarina. "La boda Esperanzi, la boda", se decía en voz alta mientras veía bandejas de palmeras de chocolate. Allí había más palmeras que en Miami. Mientras conducía dirección a su casa. Llamó a su marido.
- Fran que las compañeras nos vamos a tomar una cerveza llegaré más tarde.
- No te preocupes cielo yo estoy aquí, relajate que el día ha tenido que ser de aupa. Un beso.
- Un beso. Gracias te quiero.
-Y yo a ti.
Fran era un santo en la tierra. Esperanzi giró de nuevo en la rotonda y fue a su tienda favorita, "La boutique del azúcar".
- Deme medio kilo de gomitas variadas.
Paró su coche en el Charco de la Pava, el sol empezaba a romperse encima del Aljarafe. Introdujo en su boca un tiburón negro y blanco.
- Le haré caso a mi marido y si no entro en el traje sera una buena excusa para ir de compras.

2 comentarios:

el aguaó dijo...

Genial la entrada amigo Canónigo. Me ha encantado.

Mi padre es un gran consumidor de gomitas, le encantan.

Un abrazo.

Dama dijo...

Inconmensurable!!!
Todas tenemos algo de Esperanzi, mi más sincera solidaridad para con ella, la comprendo en todo.
Nada mejor que un momentazo gomitas en soledad.