lunes, 4 de agosto de 2008

CONIL SOL Y PLAYAS


Llegas sin pensar. Vas a casa. Al principio cuesta separarse de la Giralda. Del día a día. Bajas a la playa con el libro que se atrancó allá por el mes de marzo con intenciones de liquidarlo. Y con el Moleskine verde limón(más hortera no lo había), para escribir lo que te pasa por la cabeza. Compré el cuaderno de ese color porque ya me conozco. Y sabía que el 90% de lo que escribiera iba a acabar roto. No es por nada en especial. Llegas medio melancólico y vas escribiendo unas letras que sangran de tristeza y recuerdos. Si, lo sé, es el estres, emocional, laboral,....Poco a poco vas dejando de escribir y viendo como el sol se va posando en tu piel. Unas quince a veinte páginas rotas y tiradas en el punto limpio de la playa. Empiezas a leer. A ratos vas a hacer las mejores gestiones que se pueden hacer en la playa, las del chiringuito. Y el penúltimo día vuelves al cuaderno, y escribes algo que merece la pena, un par de lineas o tres, da igual. Has andado por el averno para volver nuevo, con el solo influjo del mar. Dicen que el Pacifico no tiene memoria, yo siempre he pensado que el Atlántico te hace crecer una memoria nueva. Yo estuve ante el Pacifico y también perdí la memoria, eso si, a base de mojitos.

1 comentario:

Zapateiro dijo...

El pacífico no sé, pero el atlántico tiene más memoria de la que quisiera, seguro.

Un saludo.