Las que me trajeron los sueños y me respetaron las distancias. La mía y la suya, la suya y la mía. Aquellas que nos unieron en la distancia que nos separaron. El número 13 de mi alma. El único trece en el que mis sueños son sueños y no pesadillas. Las vírgenes que nos dieron esperanza y nos verán unidos para siempre cuando nuestra alma común se muestre en unas flores.
2 comentarios:
"nuestra alma común se muestre en unas flores"...qué cosa tan bonita.
Un abrazo, Canónigo de mi arma.
Tus vírgenes y tus benditas madres...
Que ganitas de volver a pasear por la calle Adriani.
Publicar un comentario