lunes, 20 de abril de 2009

PRÓLOGO Y EPÍLOGO


A La Cava, pa que tu parada sea productiva pare, aquí te espero.
Sentado en el pretil de la ventana, el murmullo se convertía en susurro mientras la Cruz se adentraba en el Arco. La capilla abría sus puertas en medio de la madrugá, para que la Madre esperara a su Hijo. Enhiestas figuras negras rodeadas de luz de penumbra se anteponían al momento. El sueño se convertía en vida, la vida iniciaba el sueño. Se acercaba con una amplia zancada en medio de una noche de algarabía de terciopelo y sombras de esparto. Llegó el Señor el de la amplia mano, el que me salvó cuando más no podía, el que me acogió cuando todo era negro. Llegó el Señor a mi altura, aquel que me devolvió la ilusión por vivir prendida en la sonrisa de mi Lola. Llegó el Señor y miró como pudo a su Madre, bajo el peso de la cruz. Cruzó el Postigo acoplando la cruz al Arco y se perdió de mi vista. Aquella imagen nunca se bajará de mi memoria.

1 comentario:

del porvenir dijo...

El prólogo allí lo pone mi Cruz de Guía