Quise decirte que eras tu y nada más. Quise esperar para no añorarte. Quise pensar que no eras sólo mía. Quise soñar alboradas y atardeceres sin pensar en tu sonrisa. Quise mirar para siempre sin depender de la luz que emanaba tu sonrisa. Y cuando desperté una tarde de septiembre frente a Sevilla. Tu habías entrado en mi piel y nunca conseguí sacarte.
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1 comentario:
Qué maravilla esas azoteas sevillanas. Lo que yo daría por una. Un delicioso blog el tuyo: fotos y textos conectados y compensados, la extensión justa, mucha sensibilidad y mucha Sevilla. Gracias.
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