martes, 16 de julio de 2019

La última croqueta

Debe de ser que uno está convaleciente, y más sensible. O debe de ser que mis vacaciones van atadas a una férula y eso hace que los pensamientos sean una mijita penumbra, o tal vez no. O tal vez sea que he visitado los lugares que guardaban entre sus paredes parte de la historia de Sevilla, y ahora los veo irse.
Hoy me han confirmado que el rumor que oia, que Casa Eugenio cierra, y eso me ha hecho recordar aquellas croquetas.
No se, ni me interesa saberlo, si las croquetas nacieron en Sevilla o vienen de otro lugar patrio, porque estoy seguro de que si digo que es una tapa sevillana, alguien me dirá que la receta original venía de Cadalso de los Vidrios, mismo, lo que si es indudable es el arraigo de esta tapa en la ciudad.
Que siiiiii que vale que quedan lugares como Ricardo por ejemplo, que no es sólo la croqueta, es el rincón, es esa barra que tantas historias de Sevilla guarda que ahora desaparecen tras una jubilación.
Que siiiii que vale que es fruto del tiempo que cambia, de unos nuevos tipos de negocios, que no hay que anclarse en el pasado, que no podemos tener una ciudad de camareros..., vale, pero desaparece el tasquero y se queda el funcionario de bandeja y vestido de tanatorio.
Afortunadamente no todos los camareros son iguales y aún quedan bares en los que se guarda la esencia de otro tiempo.
En casa Eugenio siempre me llamó la atención, además de las croquetas, las buenas tapas y los botellines helados de Cruzcampo, la calle Arapiles, letrero que se situaba junto al que daba nombre al local. Una batalla por tierras de Salamanca en la que perecieron casi 20000 personas  y ahora fruto de estos tiempos la batalla era de croquetas. Porque estaban tan buenas que habia navajazos por la última croqueta del plato, y ya si nombramos las albondigas, eso era como el fortnite gastronómico ahí no había amigos.
Ahora gracias a Daniel Santos veo esas estanterías vacias y entre mi estado y el no poder haber ido a despedirme de esa casa, hace que vea el botellín medio vacio.
Tal vez llegará un día en que todas las croquetas sean congeladas y los guisos los traiga un repartidor con vespini (que hay mucho poeta suelto).
Debe de ser que tengo la Cruzcampasa baja, tanto reposo y tan pocos bares, o tal vez sea que me empiezo a dar cuenta de que los bares de un tiempo cierran y ya no permanecen en ese lugar en el que tu pensamiento cada cierto tiempo te llevaba para que la vida no fuera tan densa.
Sólo desear buena jubilación a Eugenio, como ya pasó con Pepe Yebra, a el Paula, a Joaquín del Virgen de los Reyes...., una profesión la de tasquero que poco a poco se va disolviendo.
Poco a poco se va apagando un tiempo en el que las mujeres no entraban en los bares, por eso ahora los servicios de mujer, están habilitados en otra zona del local, no de todos yaaaaa, y que tampoco es que me guste ehhh que ya os veo empezar con los emoticonos y esas cosas.Tiempos que se fumaba en los bares, se bebía vino y se hablaba más de toros que de fútbol...
No es que fuera un tiempo mejor que este, era distinto y dejaba unas señas de identidad en los lugares que poco a poco se van perdiendo.
Esperemos dentro de 50 años no ver las croquetas en los museos, ni que los manjares de Eugenio pasen al olvido, como pasó con el menudo del Paula o los gin tonics de Pepe Yebra en vaso de tubo.
No echarme mucha cuenta, cierran mis bares de cabecera y yo aquí con la pata tiesa...

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