lunes, 22 de febrero de 2016

ALMA DE BARATILLO

Dicen de ti, tantas cosas. Leo de ti la belleza en letras, que no me pertenecen ni quiero hacer mías. Porque me gustaría decirte lo que me llega al corazón al mirarte, Madre.Te escribo entre las sombras de un domingo por la noche. Ese día oscuro en el que todo acaba, o todo empieza de nuevo, según se mire. Te mando mis recuerdos en forma de oración. Recuerdos de una cruz detrás de tu manto. Yo no nací en Galera. Ni me he criado en la calle Circo, dándo capotazos con una rebeca. Yo no estuve cada miércoles santo para verte salir. Porque no te conocía. Hasta que conocí tu otra mitad, la Caridad de tu nombre. Piedad te miro y te remiro rendido a tus plantas en forma de foto.Ahora debes de estar ya de vuelta a tu altar. Ahora ya va llegando una nueva semana de Cuaresma y me acuesto ensimismado de tu belleza. Absorto en esa mirada llena de amor a ese Hijo que tanto te duele.Tu sabes que mis botones son blancos, pero mi alma es azul, tan azul como ese reguero de cera que te antecede. Tras de ti hago mi camino de Miércoles Santo, veo la cruz donde murió tu hijo a cada paso de mi estación. Ahí sigo Madre, rezándote a diario, por los mios, porque no nos abandone tu mirada. Por el deseo de verte tu perfil de niña dolorida a cada paso de mi vida. Que yo seguiré gritándote guapa en silencio en esas mañanas frías de paseo invernal, o en tu paso subido a la torre viéndote avanzar desde Adriano hasta que te pierdo de vista en Reyes Católicos.Gracias Madre. Gracias por mucho, gracias por todo.

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