miércoles, 9 de abril de 2014

CARTA AL PADRE CAUTIVO

Hoy te he visto Padre mio. Hoy tu mirada a vuelto a cruzarse en mi camino, como tantas veces...Y es que hoy nuestros queridos hermanos(ya mismo con papeles) de Santa Genoveva nos habían invitado para verte subir a tu paso. Me acompañaba o yo a Ella, mi esposa, ese angel de amplia sonrisa y corazón eterno, que cruzaste en mi camino cuando los senderos del dolor y la desesperanza se habian hecho fuertes en mi vida. Ella entre tantas cosas que me ha dado me dió el quererte aún más Padre mio. Porque los Cristianos tenemos la suerte de tener dos padres y tu eres el que nos guías desde el cielo. Y volví a verte erguido e implorante, sujetado por manos que te abrazaban como ese bien más preciado, como ese clavo ardiendo al que acudir cuando la ponzoña rebosa a nuestro alrededor. Para ese momento mi Esposa ya lloraba a mi izquierda, porque había vivido un instante a tu lado, tan cercano que se tradujo en lágrimas. Te vi frágil pero seguro en manos diestras elevarte al cielo de tu paso, mientras tu Madre Mercedes te miraba de reojo. A mi me dijeron una vez que los hombres no lloran, claramente quien dijo tal frase nunca te vio Padre mío subir al paso. Verte, mirarte y rezarte y todo el disco duro se reinició. Después de tantos días de cuaresma hasta los pies dejaron de dolerme. Ahora Padre mi esposa ya duerme y yo sigo repasando mentalmente tu salida de la sacristia y tu subida entre manos de hijos que te cuidan y miman como con un Padre debe hacerse. Salimos de allí después de tratar de agradecer el gesto que han tenido con nosotros (no quiero nombrar a nadie, para que no se me olvide ninguno)en forma de abrazos; nunca estaremos lo suficientemente agradecidos, una última mirada, un último abrazo a Eduardo (hombre a este no podía dejar de nombrarlo)y hacía el coche. La ciudad con un tráfico muy leve la cruzamos rápidamente, mi Lola, conducía y lloraba,y yo notaba como mis lágrimas empujaban por salir, y ambos hablábamos. Ambos teníamos tu mirada prendida en el corazón como ese bypass de fe, que hace que las penas pasen y la felicidad sea más fácil. Así llegamos aquí al hogar. Ahora el silencio se adueña de mi casa, Padre mío. Quedan menos de cuatro horas para que suene el despertador y yo no se como dormirme. Y es que he visto al Cautivo subir a su paso, y eso es muy grande. Tan grande que no quiero dormir, para poder seguir recordándolo. MIL GRACIAS A TODOS Y CADA UNO DE LOS QUE HAN HECHO POSIBLE QUE VIVAMOS ESTE INSTANTE

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