sábado, 11 de febrero de 2012

EN TUS MANOS Y EN SUS LABIOS

Difusa en la memoria de mi cámara pero intensa en mis pensamientos. Te acercabas a sus plantas. A esas plantas que tantas y tantas veces acudí a esperarte. El Señor me miraba como queriendo identificarte. Con esa zancada tan intensa como tus ojos. Fuera Sevilla despertaba al sueño efímero de cada primavera. Sus manos unidas por una soga, como tu alma y la mía unidas por las alianzas. Volví la mirada hacia Él y allí seguía con su gesto tranquilizador. Fuera la cruz de guía de la Hiniesta acababa la Europa.

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