Hacia media vida que no lo veía, y allí me lo vi, en la puerta de la Maestranza de mulillero, antes lo había visto tocando la caja en la Oliva de Salteras y mucho antes lo conocí en Tablada, en tiempos en los que se hacía la mili, compartimos destino en la cantina, por error, pues ambos íbamos para la banda, el con su tambor, yo con mi trompeta; las últimas horas en la cantina fueron muy duras y cuando me derrumbé hay estuvo Paco, por eso cuando lo vi vestido de mulillero, me alegré muchisimo de saber que estaba bien, aquel día creo que se despedía Davila Miura de los ruedos y en la barrera de prensa no cabía un alma, para mi la noticia fue el reencuentro con un amigo.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
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2 comentarios:
Además de verdad. Que no se le da a la amistad la importancia que tiene; y que es quizá el valor más desinteresado que existe.
A propósito, vaya mulillero más flamenco.
Muy bueno Cerreño...
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