viernes, 5 de enero de 2018

La luz de un caramelo


No llevaba mi cámara. Ningún medio necesitaba de mi trabajo y quise ejercer de tito Antonio. Así me crucé con mi Rey Baltasar. Porque tu has sido siempre mi Rey y desde que se te nota en la mirada, esa Esperanza color verde, como el color de los sueños, aún más.
Pasaste cerca, muy cerca y justo cuando llegabas a mi altura uno de los caramelos que tiraste voló y lo cogí al vuelo. Ahora querido Baltasar verte allí subido tirando tus caramelos al aire grisáceo de Sevilla insufló en mi alma esa ilusión tan necesaria para vivir el día a día.
La hora que es debes de estar viendo a los niños del Macarena. Que sepas querido Rey que desde hoy soy un poco más de Baltasar y que nunca nos falte la luz y la ilusión de tus caramelos.

No hay comentarios:

El día que colgué la cámara...

Coria se preparaba para los toros de San Juan. En el Convento Madre de Dios, olía a anis y a almendra en el torno del Cenobio. - Ave Mar...