miércoles, 21 de septiembre de 2016

EL MALESTAR DE LA CULTURA


Debía de ser muy de mañana, los primeros rastros de turistas se iban adentrando por las naves catedralicias mientras me fui a buscar uno de esos rincones donde los objetos de la Historia de Sevilla marcaban mi camino. El pendón de San Fernando, aquel que el Rey Santo zurció con sus propias manos cuando todos los moros se dedicaban a la guerra santa, y me encontré con la pared. En esa portada neoclásica que daba acceso donde San Antonio pudo con el prepotente Soult, se amontonaban iniciales inconexas de personas que habían pasado por allí. Muchas ideas pasaron por mi mente en aquel momento, y ninguna buena. De un lado en el muro frontal en un cuadro, la circuncisión me dio una idea a grosso modo y a lo bestia de lo que merecería alguien capaz de mancillar un muro del XVII. Pero después se me vino a la cabeza el malestar de la cultura. Aquellas pulsiones enfrentadas a la cultura, y aquel sentimiento de culpa que crece cuando crece la cultura. Abandoné la Seo por el patio de los Naranjos rodeado de japoneses que valoraban más ese entorno que muchos sevillanos, como algo que encerraba siglos de historia de los que no siempre se aprende. En la calle Alemanes los vítores, aquellas pintadas de otras épocas, me hicieron reflexionar aún más en lo que hace el paso del tiempo sobre determinadas cosas, quizás lo rayado en la pared de la Catedral ¿sería investigado en el siglo XXII como fruto de la incultura del siglo XXI?...La pulsión del desayuno me hizo adentrarme en el Arenal buscando un patrimonio Sevillano inmaterial y eterno, la entera con zurrapa de hígado del bar Taquilla. A veces reflexionar no es bueno..., y da hambre.

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