domingo, 9 de septiembre de 2018

UN DIA DESPUÉS DE VERTE, ROCÍO

Algo después de la hora de ayer , Rocío me siento a escribirte. Anoche llegué repleto de ti, ayer llegamos a Sevilla con la sensación de haberte sentido en la piel.
Íbamos con  Pedro que llevaba cuarenta años sin verte en la calle, no quise ni imaginar lo que sería tanto tiempo sin verte, Rocío. Santiago, ese amigo casi hermano, siempre lleva aquella vieja medalla que un compañero le dió mientras acumulaban sabañones en forma de mili en Toledo. Pedro traía su mujer y sus hijas que venían a ver a conciencia tu vuelo Paloma. Mi Lola venía, por fin a verte en la calle, la primera vez que íbamos juntos, quería contarte que desde que me la mandaste la vida encaja. Y allí llegaste en ese tono desmedido de amor que te acompaña, quien no te veía la cara te la buscaba y el que te la veía no necesitaba más que esa mirada etérea que protege, quiere y demanda. Pasaste cerca, muy cerca, tan cerca que sentí el torrente de amor que te rodea en forma de sudor y cariño. Volaste hermosa y decidida. Cuando llegué a casa el cansancio me pudo, tanto que me dormí mezclando letras sin sentido. Quería transmitir el nervioso sentimiento de notar en la cara el aire que desprende tu movimiento. Nos volvimos felices, hasta Sevilla poco hablábamos de lo sentido,¿ para que? tu gracia nos había llenado. Hoy volvemos de una boda y aún tengo tu mirada en el pensamiento. Gracias Rocío...por tanto.

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