Ya la plantilla tenía las horas contadas, la crisis, la maldita crisis había hecho que los compañeros se separaran como se separan la noche y el día, después de buscar y buscar, vio la oferta de trabajo en Salamanca, estaba lejos, demasiado lejos, aunque mirando el lado bueno no abandonaría el mundo cofrade, cuando Gambrinus se colocó de sayón en el prendimiento, sabía que ya no volvería más a Sevilla, aunque oiría cada miércoles santo las marchas que tanto le emocionaron allá donde el Guadalquivir empieza a ser navegable.
sábado, 28 de junio de 2008
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