Puede que no recuerde cuando fue que te vi por primera vez. Prendida en lágrimas. Absorta, expectante de tu hijo que sufría delante. Descubrí tus ojos una mañana cerca de la catedral, cuando se aproximaba la Coronación y el sol se coló en tu palio para mirarte de cerca. Tus bancos me han amparado tantas veces que me se tu mirada de memoria.
1 comentario:
Amigo Canónigo, gracias por regalarnos esta foto. Siempre nos sorprende con mi Hermandad.
Un abrazo
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