Por los primitivos que leen a este canónigo
Avanzaba la madrugada dentro de los muros catedralicios, cuando se apagaron las luces, unos minutos después comenzó a oírse las saetillas por la Avenida, hasta que el frescor de la calle siguió al sonido de las puertas abriéndose. La eterna oscuridad de aquellos muros se fue tiñendo de una luz ocre que inundo los muros e iluminó las bóvedas, poco a poco fue pasando aquella serpiente de rúan negro, donde sólo se distinguían los pasos, el sonido de los martillos y las capillas musicales, cuando aquel cortejo pasó entendí muchas cosas, pero sobre todo vi como debía de ser la Semana Santa de hace 4 siglos.