martes, 3 de diciembre de 2013

LA CARA DE LA ESPERANZA

Sonaba helada la mañana en la Resolana, incluyendo ese atrio que cuando el viento sopla se convierte en el centro del tiritar. Iba con el alma inquieta por ver a la Esperanza. La que se hizo un gran hueco en mi corazón de calle Adriano que siempre viró hacia la calle Larga. Iba a verla a Ella porque quería verla de Inmaculada. Mientras desayunábamos en unos de esos bares del Arco pallá, que no pasará a la historia por su manteca colorá, repasé las redes sociales a mitad incendiadas, a mitad emocionadas por la nueva indumentaria de la Virgen. Entré en la Basilica mientras resonaba en mi cabeza aquella sevillana "..con corona o con sombrero, pa mi eres siempre la misma...". Y allí seguía estando Ella con su entrecejo fruncido, con su doble perfil que sonrie y llora, con la ristras de peticiones de personas que la rodeaban, con abuelitas que le pedían y agradecían a partes iguales. La miré y la remiré por identificar la desfachatez de los priostes que algunos gritaban a viva voz en las redes sociales, pero sólo la ví a Ella. Su rostro que todo lo llena. Cuando salimos andando hacia el Pumarejo, con el sol empezando a calentar, me di cuenta de que no me había fijado en el color de su saya. No había podido dejar de mirar su cara. La cara de la Esperanza de los mortales, que da igual de que color vista, siempre que esté presente.

1 comentario:

Diego Romero dijo...

¡Po no lo sabe ya, pare!